tanto vivir y solo era una espera

t a n t o v i v i r y s o l o e r a u n a e s p e r a

7 dic. 2017

Café Frida



Fuimos a comer al Café Frida, en el 368 de Columbus Ave. Habíamos estado comprando pantalones en una tienda cercana a Central Park. David había llegado el día anterior, yo regresaba el siguiente, y lo mejor que podíamos hacer era tomarnos un burrito.

   Recuerdo más detalles de la tienda de ropa que de la larga y minuciosa conversación de media mañana por Riverside. Hablamos de su tesis, de mi viaje, bromeamos, me remató algún cigarro. El sol iba y venía entre los edificios.

    Creo que nos atendió una camarera. La mesa era pequeña, de madera, y estaba pegada a la ventana. El hambre de la caminata hizo que engulléramos la comida. Probablemente bebíamos cerveza directamente de la botella cuando me soltó lo de "because youth is wasted on the young", que es algo que dijo quizá uno de esos irlandeses de los que decían cosas, quién sabe si Wilde o Bernard Show: a mí me lo apuntó David con un bolígrafo azul en la tarjeta de visita del restaurante. Era mayo, otro mayo más de palabras, mexicanos y cerveza.

   De entre el inexorable desorden de mi mesa de trabajo, entre calendarios y multas, una pegatina de Batman, el teléfono de radiotaxi y una foto de mi padre, sobrevive a la compulsión de las repentinas limpiezas aquella tarjeta garabateada por la atormentada caligrafía de mi amigo.


   La miro y no regreso tanto a Nueva York como al Madrid difuso y melancólico de nuestra adolescencia.



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